publicado por el Monitor Nuclear de WISE/NIRS el 1 de octubre de 2004

GABÓN: MINERÍA DESREGULADA HACE PELIGRAR VIDAS HUMANAS


Durante décadas de extracción de uranio en la selva de Gabón, la compañía del gobierno francés Cogéma descuidó la protección ambiental y expuso a los mineros a altas dosis de radiación. Tras el cierre de las minas de uranio, comenzó a surgir lentamente el espantoso legado del colonialismo nuclear.

(616.5642) Res Gehriger - Puercoespín, gacela y antílope son algunos de los menús de los bares del centro del pueblo, aunque, una vez más, no se presentan clientes. Desde que Comuf (Compagnie des Mines d'Uranium de Franceville) suspendió sus actividades de minería de uranio en Mounana, en el pueblo reina el desempleo. La empresa maderera casi en quiebra ofrece la última esperanza de empleo - todos los que pudieron dejaron su pueblo natal.

Durante cuarenta años, Francia extrajo uranio en Gabón. Una vez extraído, el uranio fue utilizado en la producción de armas nucleares francesas y en centrales nucleares para producir electricidad en Francia y en gran parte de Europa. Christian Oyoumi, ex minero, señaló que gracias a los mineros de Gabón pudieron operar los trenes ultrarrápidos TGV de Francia. Hoy en día, sin embargo, los yacimientos de uranio están agotados y Mounana ya no tiene valor para Cogéma.

Gabón era colonia francesa cuando prospectores de la intendencia de energía nuclear francesa (que posteriormente se convirtió en la Compagnie Générale des Matières Nucléaires o Cogéma) descubrió uranio en la remota región en 1956. Francia estableció inmediatamente la empresa minera Comuf en Mounana con el fin de explotar los abundantes recursos minerales y ofreció al estado de Gabón una participación minoritaria en la compañía.

En 1961, arribaron a Francia los primeros concentrados de uranio de Mounana para su enriquecimiento y nació la Force de Frappe (Fuerza de Choque). Estrategas militares señalaron que Gabón fue en ese entonces indispensable para la creación del arsenal de armas nucleares de Francia. La participación de Francia hizo que Gabón fuera uno de los diez productores de uranio más grandes del mundo y, en la década de 1980, el pueblo de la selva de Mounana llegó a tener 10.000 habitantes, 1.500 de los cuales eran empleados de Comuf.

Comuf construyó escuelas, iglesias, campos deportivos, así como un hospital, un municipio, una comisaría, una terminal de autobuses y un mercado cubierto. La consulta hospitalaria era gratuita para todos los habitantes e incluía además medicamentos. Bernard Keiffer, presidente de la sucursal de Cogéma en Mounana durante los últimos cuatro años, muestra su descontento porque no se hayan dado a conocer estos aportes positivos de la compañía francesa a esta pequeña comunidad de Gabón. Keiffer vive en Gabón desde hace 20 años y se encuentra supervisando la disolución de la firma como última tarea.

En la actualidad, Mounana ya no es indispensable para Francia. Los precios del uranio ya habían comenzado a descender antes de que se derrumbara la Unión Soviética y más tarde se descubrieron ricos yacimientos de uranio en las minas canadienses de Cogéma. Pese a los bajos costos de nómina, la minería en Gabón ya no constituía un negocio lucrativo para Cogéma y, en 1999, su sucursal en Gabón dejó de operar luego de producir 28.000 toneladas de uranio.

Empleados en riesgo
Miles de mineros del uranio de todo el mundo contrajeron cáncer de pulmón como consecuencia de haber estado expuestos a excesivas concentraciones de radón (producto de desintegración del uranio). Bajo Mounana, se abrió un laberinto de una extensión total de 30 kilómetros y una profundidad de 400 metros. Según Gilbert Ngana, la mayoría de los mineros que inhalaron el polvo de los minerales ya perecieron. Ngana trabajó en las minas durante más de veinte años, casi siempre sin careta respiratoria, y actualmente tiene dificultades para respirar. Las mascarillas antipolvo fueron introducidas demasiado tarde para Ngana y muchos de sus ex compañeros de trabajo.

En Europa, los mineros deben recibir información acerca de las dosis de radiación a las que están expuestos conforme a una directriz de Euratom. Los mineros de Mounana no contaron con dicha protección. Algade, subsidiaria de Cogéma, midió en Francia las dosis que recibieron los mineros gaboneses. "Nuestros empleados nunca recibieron dosis de radiación superiores a los límites permitidos", aseguró el presidente de Comuf Keiffer. Y pese admitir que no existen normas en Gabón, señaló que se emplearon como referencia normas internacionalmente aceptadas.

Los límites de dosis de radiación más estrictos son los de EE.UU., fijados en 5 milisieverts por año. Los mineros gaboneses recibieron muchas más veces esta cantidad. En 1996, el parlamentario Claude Birraux, del partido conservador Unión por un Movimiento Popular (UMP), redactó, de parte del Parlamento francés, un informe sobre la participación de la empresa estatal Cogéma en Gabón. Según su informe, los mineros de Mounana estuvieron expuestos a una dosis anual promedio de casi 30 milisieverts.

La Comisión Internacional de Protección Radiológica (ICRP) había recomendado en 1990 que la industria nuclear limite la dosis de radiación máxima a 20 milisieverts anuales. El antiguo límite de 50 milisieverts ya no podía mantenerse luego de los estudios a largo plazo de Hiroshima.

Hechos y desmentidos
El presidente de Comuf Bernard Keiffer sostiene que las condiciones en Mounana no causaron ninguna enfermedad en la planta laboral y que el hospital podría fundamentar esta aseveración. Este mismo hospital funcionó como departamento de la empresa minera y sus médicos como empleados. "No existe un solo caso de enfermedad laboral relacionada con la minería del uranio según consta en nuestros archivos", dijo la directora del hospital Angélique Kombila.

Ni una sola enfermedad laboral luego de casi cuarenta años de extracción de uranio - un resultado increíblemente fortuito, ¿o acaso alguien arregló los registros? Nunca se realizaron estudios independientes sobre la salud de los mineros y habitantes de Mounana, y las historias clínicas de los mineros ya no tienen un seguimiento del hospital. Con el cierre de las minas, Comuf suspendió además las revisiones médicas de sus trabajadores y, a raíz de que transfiriera el hospital a manos estatales cuatro años atrás, los ex mineros se ven obligados a pagar las consultas por cuenta propia. Muchos no tienen el dinero para hacerlo y, por consiguiente, no reciben asistencia médica.

François Mindou ha estado expectorando sangre y afirma tener lesiones internas. Sus problemas comenzaron mientras trabajaba en la fábrica de uranio. En las radiografías de pulmón se aprecian sombras, aunque el tratamiento médico es costoso y, por este motivo, inaccesible. Benoît Bobata operó el elevador de la mina y actualmente se queja de cansancio permanente, tiene mareos frecuentes y perdió mucho peso. Bobata está furioso: "…luego de trabajar como esclavo durante años para Comuf, simplemente nos dejan morir una muerte miserable". Bobata nombra a una serie de colegas que perecieron y, para él, el motivo de muerte es evidente. "Por el uranio. El uranio mató a todos, ¿qué otra cosa podría ser?"

Protestas de los empleados
El hombre al que llaman Monsieur le maire (alcalde) es Dieudonné Bokoko, oficialmente alcalde adjunto pero propuesto como alcalde por los habitantes, ya que el titular a cargo vive en la ciudad capital de Libreville, a 700 kilómetros de Mounana. Bokoko acusa a Cogéma de haber abandonado al pueblo a su suerte, sin cumplir ni siquiera la promesa de generar nuevos puestos de trabajo.

Tras el cierre de la mina, Dieudonné Bokoko encabezó una ruidosa marcha de protesta hasta la sede administrativa de Comuf. Los manifestantes expresaron un enojo justificado y los sentimientos fueron tan intensos que, desde entonces, el presidente y el alcalde se evitan aún más.

Comuf transfirió € 150.000 (US$ 184.000) al gobierno gabonés como apoyo financiero para la gente de Mounana. Según el presidente de Comuf Keiffer, el presidente de Gabón Omar Bongo contribuyó personalmente con otros € 30.000 (US$ 36.000) en efectivo. El prefecto regional recibió € 180.000 (US$ 220.000) para distribuirlos en Mounana. "La situación fue completamente caótica", recuerda el alcalde Bokoko (quien todavía no había asumido el cargo), "algunos obtuvieron mucho, otros nada, lo cual hizo que la gente se peleara en las calles. El prefecto tuvo que ocultarse y regresó un mes después. De cualquier manera, ya no había más dinero".

Exposición a la radiación
En 1996, Comuf estableció una docena de estaciones de monitoreo en Mounana para determinar los niveles de contaminación radiológica en aire y agua. El presidente Keiffer sostiene que la junta directiva de Comuf decidió no dar a conocer los resultados por temor a un análisis parcial de los datos y a posibles polémicas.

"Comuf no nos mantiene informados. No sabemos nada acerca de sus datos y cálculos", dijo el alcalde Bokoko. "A las casi 4000 personas que todavía viven en Mounana simplemente se les dice que no corren ningún peligro". Bokoko desconfía. "Comuf es parte involucrada y juez al mismo tiempo", afirma el alcalde, quien trabajó en el pasado como inspector de protección radiológica para Comuf.

La exposición a la radiación proveniente de las minas de uranio es un tema abstracto que recobra vida en el mercado cubierto central, uno de los "obsequios" de Comuf para el pueblo. La construcción del mercado tiene un suelo doble hecho con dos capas de hormigón. El hormigón que Comuf empleó para hacer la primera capa de suelo fue mezclado con arena del área de producción de uranio y, según mediciones realizadas con un contador Geiger-Müller, contiene niveles de radiación que superan los límites permitidos. Por este motivo, Comuf tuvo que colocar una segunda capa de hormigón encima, de manera de aislar la radiación y limitar la emisión de radón. Sin embargo, la medida no convence al alcalde Bokoko. "El piso está cubierto, pero las paredes no". Las autoridades locales nunca recibieron resultados de monitoreos.

Colas
La extracción del uranio produce enormes cantidades de desechos radioactivos de bajo nivel; en Mounana solamente, se produjeron unos 7 millones de toneladas. Estas colas representan el mayor problema ambiental de la minería del uranio. Cogéma en Mounana arrojó estos desechos durante años al riachuelo del pueblo, Ngamaboungou.

El riachuelo arrastró posteriormente el compuesto acuoso a kilómetros de distancia de la fábrica de uranio, río abajo hacia la confluencia con el río Mitembe. Las autoridades gabonesas afirmaron haber sido notificadas y haber dado su consentimiento. Entre 1961 y 1975, y de 1990 hasta el cierre de la mina, Comuf vertió más de dos millones de toneladas de colas en el valle Ngamaboungou. Durante el período intermedio, luego de dejarla expuesta por mucho tiempo sin restricciones de acceso, Comuf rellenó la primera mina a cielo abierto con cuatro millones de toneladas de colas. "Durante períodos sin lluvias, los niños jugaban fútbol en el polvo de las colas", recuerda el ex minero Christian Oyoumi. Nadie sabía que existía peligro.

En ocasión de una conferencia de especialistas de la AIEA, celebrada en Viena en octubre de 2000, Comuf presentó un breve estudio sobre la situación en Gabón. Ésta es prácticamente la única referencia disponible sobre datos medioambientales en Mounana. De acuerdo al estudio, quienes corren mayor peligro de exposición son las personas que viven cerca de la fábrica de uranio y aquellos que viajan por los vastos vertederos de colas, dejadas por Cogéma, camino a sus asentamientos.

Según cálculos aproximados de Comuf, este "grupo crítico" recibe dosis anuales de entre 2,3 y 2,9 milisieverts superiores al nivel de radiación de fondo. A fin de realizar una comparación, las pautas internacionales de exposición no laboral están fijadas en 1 milisievert por año. En la mina de uranio canadiense que Cogéma tiene en el lago McClean, la dosis anual es de 1,5 milisieverts - para los trabajadores. En Mounana, algunas partes de la población estuvieron expuestas, sin saberlo, a niveles superiores.

Arrojar colas en depósitos cerrados, donde se almacenan (a mediano plazo) debajo de una capa de agua, es una práctica internacional. El agua protege la radiación e impide la emisión de gas radón. Los desbordes de agua deben tratarse en una planta de tratamiento de agua antes de liberarse al medio ambiente.

Recién en 1990, Cogéma decidió construir una especie de cuenca de retención para las colas de Gabón. No obstante, la versión iba a ser "sencilla y económica" - Comuf simplemente construyó el embalse de Ngamaboungou con un muro de contención. Las colas fueron bombeadas al estanque artificial, aunque el riachuelo siguió fluyendo por el embalse. Hoy en día, el desborde del embalse aún se dirige sin ningún tratamiento río abajo hacia el río Mitembe.

Esto resulta particularmente problemático, ya que las colas fueron mezcladas con emanaciones ácidas de la fábrica de uranio. El ácido promueve la disolución de radionucleidos al medio ambiente. Por tanto, la práctica mundial consiste en neutralizar las emanaciones de las fábricas de uranio con cal. Cogéma construyó una planta de neutralización en Gabón, aunque la instalación nunca fue puesta en marcha.

En el estudio arriba citado de octubre de 2000, Comuf escribió que el alimento de la región no contenía niveles elevados de radiación, "la ingesta de radionucleidos a través de la cadena alimenticia es insignificante". Como prueba, la empresa presentó algunos resultados, no detallados en particular, de monitoreos realizados en peces. Sin embargo, el pescado analizado no pertenecía al Ngamaboungou, donde se arrojaron las colas, ni al Mitembe, sino al siguiente gran río corriente abajo, el Lekedi.

Restauración
Actualmente se están realizando trabajos de confinamiento en Mounana. Comuf comenzó con las obras de confinamiento en 1997 y cubrió diversas áreas contaminadas con una capa de tierra. La planta de ácido sulfúrico y la fábrica de uranio fueron demolidas y las minas inundadas. En la mina Oklo, se formó un lago verde claro de agua subterránea - lago donde se hundieron las fábricas contaminadas. Los trabajos de confinamiento concluyeron en julio de 2004. No se prevé el confinamiento del embalse de colas.

Cogéma obtuvo pingües beneficios de las minas de uranio en Gabón y, durante décadas, no pareció preocuparse por la protección del medio ambiente. Es más, las obras de confinamiento en Mounana fueron financiadas por contribuyentes de la Unión Europea y no por la empresa responsable. Con el pretexto de combatir la pobreza y promover la economía, la UE, desde 1997, pagó más de € 50 millones (US$ 61 millones) a Gabón para el desarrollo de su industria minera. Gabón es rico en recursos minerales pero, actualmente, sólo se extrae manganeso a escala industrial. Para disminuir la dependencia del país de las exportaciones de petróleo y madera, el gobierno planea explotar minas de diamante, oro y niobio. De la ayuda económica provista por la UE de más de € 50 millones, la industria minera destinó € 7 millones (US$ 8,5 millones) para obras de confinamiento y monitoreos de radiación en Mounana. El titular del Ministerio de Minería de Gabón, Richard Onouviet, también es ex empleado de Comuf.

En un área de 40 hectáreas, una firma constructora cubrió los vertederos de colas sobre el Ngamaboungou y áreas de antigua transferencia y depósito de minerales con una capa de laterita. Resulta discutible, no obstante, si esto puede resistir la erosión a largo plazo. La capa de laterita debería ser efectiva durante al menos 100 años, conforme a requisitos de la AIEA. En términos generales, los residuos emisores de radiación deberían ser monitoreados durante miles de años. "En vista del alto índice de precipitaciones que tenemos en la región, el material volverá a salir a la superficie dentro de cinco o diez años", afirma preocupado el alcalde Bokoko. "Ningún francés estará aquí entonces".

Este artículo, escrito originalmente en alemán, fue traducido al inglés por WISE y posteriormente al español por Germán Garis. Para más información visite http://www.wise-uranium.org/udmoun.html

Fuente y contacto: Res Gehriger, Freier Journalist BR, Trottenstrasse 19, 8037 Zurich, Suiza
Teléfono: +41 1 2730843 ó +41 79 7746126
e-mail: tycho@gmx.ch




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