publicado por el Monitor Nuclear de WISE/NIRS el 16 de julio de 2004
En un artículo sobre el "efecto invernadero", publicado el 25 de mayo por el periódico inglés The Independent, y reimpreso en L'Unita de Italia, James Lovelock señala las catástrofes que sobrevendrán con el progresivo aumento de las temperaturas del planeta. No obstante, luego de describir el rompimiento de capas de hielo, el acusado aumento del nivel del agua por encima del registrado actualmente y el calor mortífero, recomienda que se recurra sin demora a la energía nuclear; fuente de energía supuestamente segura y de instantáneo acceso a diferencia de las energías alternativas, sueño de visionarios.
(612-613.5621) Gianni Mattioli y Massimo Scalia - Lovelock concluye con la misma cantinela de siempre de que debemos escuchar a los científicos y no a los temores irracionales exacerbados por ambientalistas...
Los directores de L'Unita se mostraron sorprendidos por la postura de Lovelock. ¿Acaso Lovelock ya no es más un gurú del ambientalismo? Las situaciones esbozadas por Lovelock guardan estrecha relación con las presentadas por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), las cuales se basan en el tiempo lineal para pronosticar catástrofes en el mediano y largo plazo. Lamentablemente, la situación real parece ser mucho peor. Sin ceder a ciertas tentaciones cinematográficas recientes, podemos afirmar que ya nos encontramos en un período de profundos cambios climáticos, que podremos reducir una vez que el Protocolo de Kioto sea impuesto por ley. ¿Nos hace esto más catastróficos que Lovelock?
Hace unos quince años, cuando enfrentábamos estos mismos temas vueltos a tratar tan dramáticamente en The Independent, ya habíamos adherido a disciplinas científicas diferentes de las de Lovelock. Estas disciplinas estaban más estrechamente ligadas a la compleja evolución geofísica de las variaciones climáticas: la teoría de los sistemas dinámicos y su estabilidad. El aumento de la temperatura vinculado al aumento - rápido y extendido - de la concentración de los gases invernadero en la atmósfera por el uso extendido de combustibles fósiles podría, según la teoría de la estabilidad, modificar el equilibrio de la dinámica de grandes masas atmosféricas, dando origen a alteraciones climáticas y al incremento de situaciones meteorológicas extremas. Estas predicciones no se basan en la dependencia del tiempo lineal, la cual pospone las catástrofes unos cincuenta años más. Justamente es la alteración continua de este equilibrio y de los ciclos recurrentes la responsable de la inestabilidad que da origen a estos eventos extremos que, en lugar de suceder dentro de 50 años, han estado manifestándose durante varios años.
Ahora bien, para hacer frente a este tipo de situaciones, Lovelock propone nuevamente la tradicional fórmula nuclear (pero, ¿por qué no pensó esto 15 años atrás, cuando comenzaron a publicarse informes del IPCC?). ¿Por qué refutar la teoría de Lovelock? ¿Por su obstinación o falta de coherencia? No, simplemente porque no es la solución, con todo el debido respeto a sus adherentes, quienes la pregonan a los cuatro vientos desde las columnas del periódico italiano Giornale, sumándose a las filas del gurú "arrepentido".
Se calcula que las reservas de uranio 235 fisionable, el "combustible" de los reactores nucleares, alcanzarán para unas pocas décadas, aun en niveles de consumo tan modestos como los actuales. ¿Y si necesitáramos duplicar estas reservas? Precisamente para superar este problema, los franceses propusieron reactores "reproductores" o "rápidos" que, al menos en teoría, aumentaron por varias décadas la disponibilidad prevista de U 235. Sin embargo, el "Superphénix", único reactor "rápido" activado en los Alpes, ya pertenece a la arqueología industrial.
A la energía nuclear puede accederse inmediatamente, sostiene Lovelock. ¿Accederse inmediatamente? Habría que recordar el hecho de que hoy en día, 50 años después de su "nacimiento", la energía nuclear cubre tan sólo el 7% de las necesidades energéticas mundiales, y que en los Estados Unidos no se encarga un nuevo reactor desde 1978.
En todo caso, la Generación IV, consorcio de nueve países liderado por EE.UU., no anticipa ningún prototipo industrial hasta después de 2030, prototipo que también deberá enfrentar la falta de aceptación social a la energía nuclear.
Entonces, ¿son las fuentes de energía renovable sueños visionarios o una realidad en pleno desarrollo? Remitámonos a los datos. Los pequeños paneles solares para uso térmico, los "parques eólicos" para uso eléctrico y la energía proveniente de la biomasa ya se encuentra compitiendo con el petróleo. El sistema solar "concentrado", promocionado por Carlo Rubbia, ganador del premio Nobel de Física de 1984, también se encuentra en camino. Presa del aislacionismo típicamente británico, nuestro gurú ignoró el hecho de que es Alemania, y no Dinamarca, el país que satisface el 10% de sus necesidades eléctricas con energía eólica, habiendo instalado 14.000 MW de generadores eólicos; y que los recursos renovables del país dan empleo a unas 150.000 personas.
Cambiar los modelos de energía significa afrontar la enorme resistencia de los "imperios del petróleo", aunque esto no hace que el sendero nuclear sea más fácil ni seguro.
Artículo publicado originariamente en italiano, traducido al inglés por Linda Gunter, y al español por Germán Garis para El Monitor Nuclear de WISE/NIRS.
Fuente y contacto: Gianni Mattioli y Massimo Scalia son físicos de l'Università "la Sapienza" de Roma y líderes de Movimento Ecologista (www.yoyoba.it).
La AIEA señaló que la energía nuclear no podrá crecer lo suficientemente rápido durante las próximas décadas para retardar el cambio climático - aun bajo las circunstancias más favorables. Esto contradice las declaraciones recientes, por parte de Lovelock, entre otros, en apoyo de la energía nuclear como respuesta al calentamiento global. La AIEA consideró dos perspectivas. En la primera perspectiva, no se construirían nuevas centrales nucleares además de las ya planeadas. La participación de la energía nuclear en la electricidad mundial - y, por ende, su relativa contribución a la lucha contra el calentamiento global - descendería del 16% actual al 12% en 2030. En la segunda perspectiva, la energía nuclear crecería un 70% durante los próximos 25 años. No obstante, las emisiones de gas invernadero también aumentarían debido a que se continuaría produciendo electricidad por los métodos tradicionales de combustibles fósiles. La AIEA le dijo a The Independent: "Afirmar que la energía nuclear puede por sí misma resolver el problema del calentamiento global es una exageración".
The Independent, 28 de junio de 2004
Los investigadores Jan Willem Storm van Leeuwen y Philip Bartlett Smith publicaron estudios durante los últimos años sobre la eficiencia energética y las emisiones de dióxido de carbono de la energía nuclear. Realizaron numerosos cálculos e investigaciones sobre esta cuestión y un análisis del ciclo vital de las centrales nucleares. Los reactores nucleares no sólo producen energía en forma de electricidad, también necesitan energía para la construcción y el desmantelamiento de las plantas, la minería, el enriquecimiento y la conversión del uranio, y el almacenamiento de desechos nucleares. Toda la energía destinada a estas inversiones origina emisiones de gases de dióxido de carbono, ya que en general se utilizan combustibles fósiles (como en el caso de la minería del uranio). Debido a que los recursos de uranio disminuirán (durante las próximas décadas) a menas de una riqueza del 0,01%, las emisiones de un reactor nuclear serán equivalentes a las de una central eléctrica de gas.
Los informes y cálculos pueden consultarse en www.oprit.rug.nl/deenen.