publicado por El Monitor Nuclear de WISE/NIRS el 12 de septiembre de 2003
(592.5542) WISE Ámsterdam - El K-159 fue remolcado sobre cuatro pontones llenos de aire, por un trayecto de 350 kilómetros. Los pontones, no obstante, comenzaron a aflojarse a medida que el convoy remolcador-submarino fue azotado por una tormenta. Estas condiciones meteorológicas habían sido pronosticadas, pero el convoy partió de todas maneras. El K-159 se encuentra actualmente a 240 metros bajo el nivel del mar.
En busca de una causa del accidente, el 3 de septiembre, una fuente del estado mayor naval declaró que el capitán del K-159 llamó por radio al remolcador, diciendo que se había encontrado una pérdida en la junta de la hélice, en la parte posterior del submarino, en el compartimiento nueve. Esto pudo haber causado el accidente.
La ONG con sede en Noruega, Bellona, encargó su propia investigación independiente, la cual, hasta ahora, no detectó radiación adicional en las proximidades del submarino hundido. Sin embargo, deberá pasar mucho más tiempo antes de que se verifique si existe una posible fuga a raíz del accidente. Bellona solo puede realizar mediciones aguas abajo, debido a que no puede pasar a aguas rusas.
A largo plazo, la profundidad amenazará los dos compartimientos de reactores de la nave, ya que recibirán aún más presión, proveniente del agua, señaló Alexander Nikitin, director de la oficina de Bellona en San Petersburgo. Las aproximadamente 25 atmósferas que presionan a la descomunal embarcación que ya se está oxidando hacen que esta situación sea aún más peligrosa, ya que algún reactor podría tener pérdidas, contaminando la rica área pesquera del Mar de Barents, afirmó Nikitin.
Existe la posibilidad de que corrientes del Golfo, las cuales corren hacia el este a través del Mar de Barents, arrastren la radioactividad aún más lejos. Aunque también es posible que, dados los complejos esquemas de corrientes en Barents, las sustancias radioactivas viajen hacia el oeste.
Los compartimientos de reactores también corren peligro por la antigüedad del submarino. El K-159 fue decomisionado en 1989, aunque fue recargado de combustible por última vez en 1972, lo que implica que el combustible gastado de uranio de sus reactores es todavía más radioactivo que si el submarino se hubiese hundido con una carga de combustible más reciente. Luego del decomisionamiento, las barras de control (las cuales controlan la reacción en cadena del núcleo del reactor) fueron soldadas en una posición más baja para evitar que el reactor sea reiniciado. No obstante, todavía se desconoce cuán firmes fueron colocadas estas barras y cuáles son las posibles consecuencias del impacto del submarino contra el lecho marino. A todo esto se suma la corrosión del casco de la embarcación, provocada por estar más de una década en espera del decomisionamiento.
El K-159 posee dos reactores VMA, cada uno con una capacidad térmica de 70 megavatios. Los núcleos de los reactores contienen aproximadamente 800 kilogramos de combustible nuclear gastado con una radioactividad de 750 curies por kilogramo.
El organismo noruego de protección radiológica NRPA comenzó a tomar muestras para su propia investigación y análisis apenas fue notificado del hundimiento del K-159. Los navíos pesqueros noruegos del área recibieron inmediatamente la orden de acercarse lo máximo posible al lugar del hundimiento para empezar a tomar medidas, las cuales, mientras se publica este número de El Monitor Nuclear, todavía no han sido oficialmente publicadas.
Posibilidades de rescate
La Marina rusa anunció que rescatará al K-159, aunque el vocero dijo que esto probablemente no sucederá hasta antes de mayo del próximo año. Dada la profundidad en la que se encuentra el submarino y las continuas tormentas en el Mar de Barents, la operación será compleja y costosa.
Bellona afirma que la Marina rusa debería investigar todas las posibilidades para sacar al submarino sin causarles más daños a los núcleos de los dos reactores. Según las organizaciones ecologistas, remolcarlo es demasiado peligroso. Un método más seguro es enviar un barco especialmente diseñado para descargar el combustible de los submarinos. En el noroeste de Rusia existe un barco de estas características denominado Imandra, operado por la compañía naviera Murmansk. Este método, no obstante, es más costoso.
Otra opción, sugerida por Bellona, es transportar al submarino por barco con la ayuda de un dique seco flotante, opción más segura pero también más costosa. Bellona ya le había advertido en 2001 a la Marina rusa que el remolque de submarinos desde Gremikha precisamente acarreaba la clase de riesgos que originaron la catástrofe del 30 de agosto, y le recomendó al gobierno ruso que los submarinos de esta base sean desmantelados in situ.
Una de las candentes preguntas sobre el hundimiento, todavía no respondida, es por qué había una tripulación a bordo del K-159. El hecho de que la tripulación permaneciera a bordo mientras la embarcación era remolcada para ser desmantelada en un lugar distante constituye una sorprendente anomalía, según ex oficiales de marina y submarinistas. Cada norma de seguridad fue violada, señaló el retirado Almirante Eduard Baltin, quien en una oportunidad estuvo al mando del K-159.
El ministro de Defensa ruso ordenó que provisoriamente se dejen de remolcar submarinos nucleares decomisionados.
Previos accidentes de submarinos nucleares rusos
Además del accidente del K-159, accidentes mucho más graves azotaron a la flota nuclear rusa, especialmente a los submarinos. Bellona publicó un informe de estos accidentes en julio de 1996 (*). A continuación figuran algunos de los incidentes documentados en dicho informe.
Submarinos hundidos
K-8 - Durante el ejercicio 'Okean', a principio de 1970, el submarino K-8 se encontraba en el Atlántico, al suroeste del Reino Unido. El 8 de abril de 1970, estalló un incendio en dos compartimientos diferentes del submarino. La embarcación salió a la superficie a medida que la tripulación intentaba apagar el fuego. Durante dos días la tripulación luchó por mantener el submarino a flote. El 11 de abril, el K-8 se hundió alcanzando una profundidad de 4.680 metros. El oficial al mando y 51 miembros de la tripulación perecieron en el accidente.
K-219 - En octubre de 1986, en el Atlántico Oeste, al este de Bermudas, el K-219 se encontró con problemas. Uno de los 16 tubos de misiles de la nave liberaba humo y vapor. El submarino estaba realizando una patrulla de rutina a poca distancia de la costa de América del Norte cuando explotó uno de los tubos de misiles cargados. Los daños subsiguientes hicieron que el compartimiento de misiles tenga pérdidas y, por lo tanto, el submarino tuvo que emerger a la superficie. El incendió estalló en el tubo de misiles dañado. Mientras la tripulación intentaba solucionar este problema, un cortocircuito activó los sistemas de emergencia y uno de los reactores fue cerrado. El segundo reactor también tuvo que ser cerrado y la nave quedó sin energía. El 6 de octubre, el K-219 se hundió, cobrándose la vida de cuatro miembros de la tripulación. La causa de la explosión sigue siendo desconocida.
K-278 - El 7 de abril de 1989, el submarino Komsomolets K-278, uno de los pocos submarinos de la Marina soviética con nombre, estaba sumergido a una profundidad de 160 metros en el Mar de Noruega, a unos 180 kilómetros al sur de la Isla Bear, de regreso a su base en la Flota del Norte. En la mañana, estalló un incendio en uno de los compartimientos. La nave emergió a la superficie mientras la tripulación luchaba contra el fuego. No obstante, el fuego se dispersó. Las fallas de potencia activaron los sistemas de emergencia, los cuales cerraron automáticamente el reactor. Aproximadamente a las cinco en punto de la tarde, el K-278 se hundió a una profundidad de 1.685 metros, llevándose al fondo del mar a los 42 miembros de la tripulación.
Tres años atrás, el 12 de agosto de 2000, el Kursk (K-141), submarino clase Oscar-II, se hundió en el Mar de Barents, quitándole la vida a 118 tripulantes a bordo. Durante el otoño [boreal] de 2001, la nave (a una profundidad de 108 metros) fue recogida por un consorcio holandés, luego de un año de complejos preparativos y a un costo de US$ 65 millones.
El submarino K-27 no se hundió luego de un accidente; fue hundido en el Mar de Kara, en 1981, cuando se consideró que las reparaciones necesarias no iban a poder realizarse y el decomisionamiento implicaba demasiados gastos.
Accidentes de reactores
K-8 - El primer incidente nuclear documentado tuvo como protagonista al submarino clase Noviembre K-8, mientras éste se hallaba realizando maniobras en el Mar de Barents el 13 de octubre de 1960. Una pérdida en el generador de vapor provocó daños en las tuberías del circuito de refrigeración del reactor. Grandes cantidades de gas radioactivo fueron liberadas por el reactor. La tripulación evitó la fusión accidental del núcleo. Aparentemente, el compartimiento del reactor no estaba bien sellado y la totalidad del submarino quedó contaminada con gas radioactivo. Algunos tripulantes recibieron dosis potencialmente fatales de radiación.
K-19 - El 4 de julio de 1961, en el Atlántico Norte, el submarino lanzamisiles clase Hotel K-19, el primer submarino nuclear ruso, tuvo una pérdida en una tubería del circuito regulador de presión, en el sistema de refrigeración primario del reactor. El suministro de refrigerante disminuyó, y el exceso de calor comenzó a recalentar el núcleo del reactor. La tripulación estuvo expuesta a considerables dosis de radiación, ocho tripulantes murieron de radiopatía aguda.
K-11 - El 6 de febrero de 1965, el submarino clase Noviembre K-11 estaba en puerto en el embarcadero Severodvinsk para que se realice una recarga de combustible. Debido a que algunas barras de control estaban en posición errónea, cuando la tapa del reactor fue abierta escapó vapor radioactivo. Seis días después estalló un incendio. No existen registros de que el personal haya estado expuesto a radiación.
K-27 - El 24 de mayo de 1968, el submarino clase Noviembre tuvo una inexplicable y repentina pérdida de potencia en su reactor. La tripulación no pudo restaurar los niveles de potencia y gases radioactivos comenzaron a fugarse en el compartimiento del reactor. El nivel de radiación en el resto del submarino comenzó a incrementarse. La tripulación pudo cerrar el reactor, pero los conjuntos de barras de combustible ya había sufrido importantes daños. Nueve tripulantes perecieron de radiopatía. El K-27 nunca volvió a entrar en servicio. En febrero de 2003, una expedición científica descubrió 237 contenedores con desechos radioactivos sólidos y el cementerio del K-27 en el Mar de Kara, al norte de Rusia (ver arriba "Submarinos hundidos").
K-140 - El 27 de agosto de 1968, el submarino clase Yankee K-140 estaba en Severodvinsk por reparaciones. El reactor tuvo un incremento incontrolado de potencia (18 veces superior a los niveles normales) cuando las barras de control se elevaron automáticamente debido a una incorrecta instalación del cableado eléctrico. Los niveles de radiación a bordo empeoraron.
K-329 - En 1970, mientras el submarino clase Charlie K-329 estaba en puerto en el astillero Krasnoe Sormovo, el reactor se inició de forma incontrolada. Esto provocó un incendio y la liberación de radioactividad.
K-222 - El 30 de septiembre de 1980, el K-222 estaba en Severodvinsk para que se le efectúen controles al reactor. Luego de una falla del equipo automático, las barras de control se elevaron y el reactor se inició. Como resultado, se dañó el núcleo del reactor.
K-123 - El 8 de agosto de 1982, el submarino clase Alfa K-123 sufrió una pérdida de refrigerante debido a una pérdida en un generador de vapor. Dos toneladas de metal refrigerante líquido dañaron el reactor. Llevó nueve años reparar el submarino.
K-314 - El 10 de agosto de 1985, el submarino clase Victor-I K-314 estaba en la Bahía Chazhma cerca de Vladivostok. Debido a la mala posición de las barras de control, el reactor alcanzó la criticidad durante la recarga de combustible. La explosión ulterior diseminó una estela de radioactividad en un radio de 6 kilómetros. Las personas perecieron en el accidente.
K-431 - En diciembre de 1985, el reactor del submarino clase Echo-II K-431 se recalentó en las afueras de Vladivostok.
K-192 (ex K-131) - El 25 de junio de 1989, el submarino clase Echo-II K-192 tuvo un accidente que afectó a uno de los dos reactores de a bordo. La nave estaba en el Mar de Noruega cuando se descubrió una pérdida en el circuito de refrigeración primario. El agua contaminada de la fuga fue bombeada hacia el mar. El navío de servicio Amur de la Flota del Norte soviética fue a asistir al K-192. Amur se encargó de la tarea de suministrarle refrigerante al reactor; la temperatura del núcleo del reactor comenzó a descender. El suministro de refrigerante fue suspendido por reparaciones, aunque no volvió a reanudarse más tarde. El refrigerante frío hizo que los recalentados conjuntos combustibles se agrietaran, y el agua entró en contacto con el combustible de uranio. La tripulación que trabajaba en la reparación recibió dosis de radiación que podrían haberles causado una muerte prematura.
Otros accidentes en los que se liberó radioactividad
Los submarinos de la Flota del Norte también tuvieron otros accidentes en los cuales se liberó radioactividad. En la mayoría de los casos, las emisiones fueron originadas por pérdidas en el circuito primario o los generadores de vapor. En estos casos, sin embargo, el núcleo de los reactores no resultó dañado.
*El informe The Russian Northern Fleet (Informe 2:1996) puede consultarse en www.bellona.org/en/international/russia/navy/northern_fleet/report_2-1996/index.html
Fuentes: Sitio Web de Bellona (www.bellona.org), "Hazardous Duty - Nuclear Submarine Accidents" por Micheal Young, Asociación de Oficiales Navales de Canadá (www.naval.ca/article/young/nuclearsubmarineaccidents_bymichaelyoung.html), World Environment News, 19 de noviembre de 2002
Contacto: Bellona Foundation, P.O. Box 2141, Grunerlokka, 0505 Oslo, Noruega
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